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No agravemos la situación de la agricultura europea
Jaime Lamo de Espinosa
Núm. 335. En Carta del Director. Octubre de 2011
17-10-2011

Escribo esta carta cuando faltan un par de días para que, según anunciara Dacian Ciolos, se nos presenten en Bruselas las propuestas legislativas para la PAC de los años 2014-2020. Ahí encontraremos las primeras respuestas a cómo será esa PAC y al nuevo régimen de pagos directos, sabremos qué porción del "pastel" comunitario va al primer y al segundo pilar, cómo se define el agricultor en activo a efectos de cobro de las ayudas, etcétera, etcétera.

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Según los avances filtrados parece que 317.200 millones de euros corresponderán al primer pilar y 101.200 millones de euros al segundo. Esos fondos se complementarían con otros, uno para I+D+i de 5.100 millones de euros, otro para seguridad alimentaria de 2.500 millones de euros, uno más de 2.800 millones para ayuda alimentaria a personas necesitadas, otro adicional de 3.900 millones para una nueva reserva de crisis alimentarias y, finalmente, un nuevo Fondo Europeo de Adaptación a la Globalización, con un máximo de 2.800 millones de euros. Veremos si al final son esas las cifras y fondos definitivos o si varían en algo. Por ello no vale la pena entrar en consideraciones ahora, cuando faltan horas para conocer estos aspectos. Ya lo haremos en cartas posteriores.

Pero sí me parece oportuno señalar que la Unión Europea no debería temer en modo alguno reacciones contrarias a sus posiciones, aún yendo más allá, porque los datos recién publicados por la OCDE sobre las políticas agrarias de sus  países integrantes y los grados de apoyo a sus agricultores muestran hechos que avalan tales apoyos (Agricultural Policy Monitoring and Evaluation. 2011, OCDE). Tanto más cuando se comparan con algunos países emergentes como Brasil, China, Rusia, Sudáfrica y Ucrania.

Lo primero a destacar es que algunos países apoyan sus agriculturas con volúmenes significativos, mucho más allá de los que corresponden a EE.UU o a la Unión Europea. Midiendo a través del ya famoso PSE, los porcentajes de ayuda representaron en 2010, nada menos, que el 47% en Corea, 48% en Islandia, 49% en Japón, 56% en Suiza y 60% en Noruega. Tales porcentajes comparados con el 22% de la Unión Europea o el 9% de EE.UU o la media de la OCDE, 18%, resultan abrumadores. Y es de destacar que en el promedio de la OCDE, tales  ayudas han venido cayendo desde los años 1986-88 que fueron el 37%, a los años 1995-97 con el 30%, al actual 18% ya comentado.

La Unión Europea se ha convertido en los últimos dos años en un exportador neto, el segundo exportador mundial, no lo era antes, y su porcentaje de ayuda, su PSE, ha venido reduciéndose al igual que lo expuesto para la media de la OCDE. Así hemos pasado del 39% en 1986-88, al 34% en 1995-97, y al 22% en 2008-10, siendo en el 2010 del 20%.

Pero quizás lo más importante y revelador es lo que está ocurriendo en los grandes países emergentes. China, en primer lugar, tiene todavía hoy una balanza comercial agroalimentaria negativa de -18.502 millones de dólares, una superficie total agraria de 522 millones de hectáreas, de la que el 15% son tierras arables y su agricultura consume el 62% del agua. Pero ese sector genera todavía empleo al 38,1% de su población. Quiere expansionar su producción agraria y para ello ha pasado de una ayuda, medida en términos de PSE, del 3% en 1995-97 al 11% en 2008-2010 y es ya el 17% en 2010. Rusia tiene un déficit comercial agrario similar al de China pese a su alto porcentaje de tierras arables, y mantiene una protección creciendo levemente y así ha pasado del 18% en 1995-97 al 21% en 2010. Y el gran país iberoamericano agrario, Brasil, es, por el contrario, un potente exportador neto (+ 48.086 millones de dólares), su área agrícola excede a la de China, Australia y EE.UU, el sector aporta el 6% a su PIB, y es el responsable del 38% de sus exportaciones. Y ello sin ayudas, su PSE es sólo el 4% en 2010. Podríamos citar otros pero basta como ejemplo los ya mencionados, todos los cuales mantienen amplios programas de expansión de sus producciones, teniendo en cuenta la creciente demanda nacional y mundial de alimentos.

Pretendo al comentar el contraste entre la UE y el resto de los países de la OCDE -algunos muy altamente protectores y con grandes apoyos a su agricultura- y otros que no forman parte de la OCDE, los emergentes comentados, cuya preferencia política y apoyos a su agricultura son notables, mostrar que la UE no debería tener temor alguno a forzar aún más la máquina productiva de la propia Unión, y ser cautos a la hora del llamado greening (la "política verde" dentro de la PAC), no vaya a ser que vaya demasiado lejos en sus exigencias, más allá de las que ninguna otra área del mundo impone. La agricultura europea ya tiene demasiadas limitaciones (agua, aves, hábitats, bienestar animal, nitratos, etc.), que no son exigidas en países terceros. Seamos prudentes. No agravemos su situación. Hagamos firme el principio de "iguales reglas para iguales mercados".

En fin, confiemos en que los borradores de reglamentos que esperamos no creen demasiados problemas a nuestros agricultores y ganaderos, sobre todo a los agricultores de regadío que temen que esta nueva PAC sea muy contraria a sus intereses y a sus ingresos.


Un cordial saludo.



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