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Mercosur, en el peor momento posible
Jaime Lamo de Espinosa
Núm. 310. En Carta del Director. Junio de 2010
09-6-2010

"El problema es que, abrir esta negociación para favorecer a la industria, la energía y la banca se hará, sí, pero quienes pagarán esa apertura serán los agricultores y ganaderos europeos y españoles"

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Jaime Lamo de Espinosa
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Querido lector:

En los días 17 y 18 de mayo se ha celebrado en Madrid una importante Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de las áreas UE-América Latina y Caribe. En el marco de esa cumbre ha estado en todo momento la reanudación -o no- de las negociaciones con Mercosur. Un tema nada pacífico en el propio seno de la UE y que, pese a ello, la Presidencia española y la Comisión introdujeron en la agenda de tan sensible cumbre.

Recordemos que Mercosur está formada por Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, las grandes potencias agrarias iberoamericanas. El déficit comercial de la UE con Mercosur es, hoy ya, de unos 21.000 millones de euros. El 82% de la carne vacuna y el 64% de la carne de ave importadas por la UE en 2009 procedían de Mercosur. Y sin aranceles o con mayores cuotas las exportaciones latinoamericanas inundarían los mercados europeos de cereal, soja, vacuno, aves, etc., sin apenas contrapartidas agrarias en la balanza. Algunas hipótesis de las organizaciones agrarias españolas cifran en pérdidas de 3.000/14.000 millones de euros. Y ello aceptando recibir producciones de una región donde no existen controles estrictos fitosanitarios, veterinarios, medioambientales, laborales, etc. No es de extrañar que antes de la cumbre Francia, Italia, Portugal, Eslovenia, Eslovaquia y Bélgica mostraran su profunda inquietud. Y ese grupo alcanzó la suma de dieciséis Estados miembros en el Consejo de Ministros de Agricultura, celebrado en Bruselas.

Algún país, como Francia, por ejemplo, ha puesto el grito en el cielo y ha amenazado con bloquear el proceso. Porque tras la apertura del acuerdo hay muchas incógnitas, muchas incertidumbres, como se ve, a despejar. Primero: ¿por qué unas negociaciones que llevan paralizadas desde el año 2004 hay que reanudarlas ahora, con una agricultura europea en crisis, con sus datos de renta agraria por UTA cayendo, etc.? Segundo: ¿a quién se quiere beneficiar a la agricultura o a la industria? Tercero: ¿somos conscientes del potencial exportador de esa área en algunos productos básicos de nuestra ya tocada agricultura europea? Y cuarto: ¿por qué España la incluyó como un punto de la agenda cuando había tanta oposición? Examinemos estas cuestiones.

Pienso que las dos primeras están relacionadas. Algunos Gobiernos europeos -por ejemplo, España- quieren reabrir las negociaciones en lo agrario para asegurarse una adecuada protección a sus grandes industrias, empresas energéticas y grandes bancos en razón de su fuerte presencia allí. Pero ese no es el caso del resto de países. Y el "por qué ahora" tiene la explicación de que conviene estar a bien con esa área que, además, está pasando la crisis mejor que la vieja Europa y, por tanto, estamos hablando con economías muy fuertes y potentes, donde su gasto social es escaso y donde los problemas que aquejan a los "Estados del bienestar" europeos son, allí, desconocidos. El problema es que, abrir esta negociación para favorecer a la industria y la banca se hará, sí, pero quienes pagarán esa apertura serán los agricultores y ganaderos europeos y españoles. Si se abrieran más las fronteras los flujos iban a ser sólo en una dirección, la que empeoraría tal déficit.

Es por eso que la práctica totalidad de los Estados miembros consideran que la competitividad agraria de Mercosur se ha agrandado en los últimos años. Y sorprende no ver a España alineada en esa apreciación, pues hay muchos productos sensibles para nosotros. Esos países -dados sus potenciales productivos- son una amenaza clara para el azúcar, etanol, vacuno de carne (Asturias y Cantabria), porcino (Murcia, Aragón y Navarra), avícola, y, no digamos, el sector platanero (Canarias) que sería arrasado.

Un texto, no oficial, de la propia Comisión reconoce que el acuerdo ocasionaría "grandes pérdidas", que cifra entre 3.000 y 13.500 millones de euros y cuantifica en quince los Estados miembros que serían más dañados ...¡demasiados! Como para proseguir calmadamente por este camino. Y recordemos que el año 2009 la renta agraria cayó en el conjunto de la Unión un 11,6% y que eso fue así en, nada menos, que en veintiún Estados miembros. Sólo seis crecieron tímidamente. Confío en que la sensatez y buen juicio de Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, de Dacian Ciolos, comisario de Agricultura, y de Herman von Rompuy, presidente del Consejo, pongan pronto fin a este despropósito.

Que por qué se incluyó en la agenda, ¡vaya Vd. a saber! Lo ignoro. Lo que si sé es que constituiría un grave error la reapertura de estas negociaciones -bien bloqueadas estaban desde 2004-, en medio de una crisis europea general y también y más aguda española, con un sector agrario español en claro declive en sus rentas agrarias desde el año 2003, y con numerosos sectores que pueden incluso perderse definitivamente (plátano de Canarias). No toca, ahora no toca reabrir esas negociaciones. El campo europeo y español no está para esas bromas. Son más bien medidas de apoyo y de impulso las que requiere, y no abrir fronteras a dos de las mayores potencias agrarias del mundo como son, hoy, Argentina y Brasil. En este juego que ahora puede comenzar corremos el riesgo de quemarnos. Ya lo decía Lope de Vega "Fuego, y no juego/ es ya su propio nombre".

Un cordial saludo



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