«La enorme tragedia de Japón nos obliga a inclinarnos en respetuosa reverencia ante sus heroicos ciudadanos. Y debe hacernos reflexionar más sobre el papel de la energía en la agricultura tanto como proveedora como consumidora en un contexto de alzas de los alimentos. Una reflexión profunda y serena se impone. Invito al MARM a poner en marcha este proceso»
Querido lector:
No cabe imaginar una carta en este momento sin hacer mención a los gravísimos hechos ocurridos en Japón y la enorme lección de dignidad, sacrificio, ciudadanía, honor en suma, con que cada día nos ejemplifican la vida y nos mandan un mensaje ético a todos los demás ciudadanos del mundo. A un enorme terremoto -casi el máximo de la escala Richter- le sigue un tsunami nunca conocido. El epicentro del seísmo estaba a solo12kmde la costa y la ola gigante llegó en su pleno apogeo arrasando casas, infraestructuras, vidas,..., todo. Hasta ahora llevan contadas más de25.000 personas muertas o desaparecidas y no sabemos qué número alcanzará tan macabro cómputo.
Pero lo más asombroso es el ejemplo humano de cada día que ha seguido a aquel fatal día. No ha habido pillaje como en Haití, los súper e híper han seguido abiertos y la gente se ha abastecido prudentemente sin que los establecimientos les cobraran los alimentos retirados, no han agotado en unas horas las mercancías, las han dosificado de modo individual; el presidente de la compañía propietaria de la planta nuclear de Fukushima ha recorrido cada uno de los espacios habilitados para los refugiados haciendo gestos de perdón y aquéllos no le han insultado ni vituperado, le han correspondido con otro gesto respetuoso de agradecimiento comprensivo.
Pero lo ocurrido allí va a tener unas consecuencias enormes sobre la humanidad entera y sobre los mix energéticos que se definan o revisen a partir de ahora. Al margen de la catástrofe natural está sucediendo allí un terrible proceso de lucha del ser humano contra su propia creación, contra la fusión nuclear de plutonio en el ya famoso reactor 3, combatiendo un reducido número de ingenieros, mecánicos y bomberos de un modo heroico contra el calentamiento de los núcleos y tras haber resistido aquellos reactores con graves carencias de refrigeración más de lo que era posible imaginar. Y en esa lucha, hasta ahora cuando escribo, parece que el hombre le va ganando, día a día, la batalla a los núcleos de las centrales.
Pero nada de esto es ajeno a la agricultura europea. Cuando parecía estar abriéndose un camino en favor de la energía nuclear en toda Europa que hubiera variado el mix energético en el mundo entero, hay que decir que estos hechos ponen en cuestión el modelo. Y ello pese a que cada día que pasa sin llegar a situaciones de extrema gravedad se afianza, sensu contrario, el concepto de la alta seguridad de tales plantas. Esto es crucial porque Europa debate su independencia del petróleo y del gas con un modelo donde lo nuclear y las renovables juegan un gran papel. Y todo el mundo de las renovables tiene mucho que ver con el petróleo y la ausencia o presencia de nucleares.
Si observamos la evolución de las curvas del Índice FAO de precios de alimentos y el del Brent de petróleo veremos que son casi milimétricamente paralelas desde enero de 2006. El petróleo es casi un indicador anticipado del precio de los alimentos. Y un más alto precio del gasóleo es un mayor coste del transporte gracias al cual la agricultura de exportación, la más eficiente y rentable, se ve constreñida. Por tanto, si el conflicto del norte de África (Túnez -donde se inició la explosión africana por falta y carestía de alimentos-, Libia, Argelia y Egipto) unido a los de Yemen, Omán, Bahreim o Siria, se agudiza y alcanza a los suministros o llega a otros países más altamente proveedores de Europa y de España (como Arabia Saudí), la situación será gravísima para el PIB y para la inflación y, en suma, para la recuperación y la salida de la crisis. No era posible imaginar peor escenario. Y en este caso, además, el petróleo verá crecer su precio y con él el de las materias primas básicas para las bioenergías (cereales y oleaginosas). Las consecuencias sobre la escasez de alimentos básicos, sus precios, y su impacto sobre la cadena de valor, y muy especialmente sobre la ganadería intensiva, son fáciles de pronosticar.
La agricultura europea y española tienen hoy un desafío energético considerable. Es un sector altamente consumidor de energía. Las agriculturas de España, Francia, Alemania, Italia, Holanda y Polonia son las más consumidoras de energía de la UE. Su dependencia del petróleo vía consumos directos -gasóleo, energía- o indirectos -abonos nitrogenados, fitosanitarios- y vía piensos que son determinantes de la renta agraria vía consumos indirectos, es extrema. La fuerte volatilidad que vivimos desde hace más de cuatro años no es casual y no facilita la actividad tranquila de la agricultura.
Y ello sin mencionar que hoy se da en el campo una nueva "función energética "en el marco de la agricultura, que va desde la biomasa con fines no alimentarios hasta el papel patrimonial de las tierras como base territorial para las energías renovables, dada la rentable ocupación de tierras agrarias con destino a parques fotovoltaicos o eólicos, y también ésta depende de aquellos precios y de la opinión final que el mundo deduzca sobre las nucleares, cuando se puedan dar por finalizados los sucesos de Fukushima.
Como se ve, la enorme tragedia de Japón nos obliga a inclinarnos en respetuosa reverencia ante sus heroicos ciudadanos y su ejemplo. Y debe hacernos reflexionar más sobre el papel de la energía en la agricultura tanto como proveedora como consumidora en un contexto de alzas de los alimentos que han seguido creciendo en febrero y en lo que llevamos de marzo. Todo está interrelacionado. Una reflexión profunda y serena se impone. Invito al MARM a poner en marcha este proceso.
Un cordial saludo.
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