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Biotecnologías y regadíos, la solución al hambre
Jaime Lamo de Espinosa
Núm. 313. En Carta del Director. Julio de 2010
26-7-2010

"Hoy, más que esperar lo que Bruselas nos puede dar en ayudas y protecciones en la PAC más allá de 2013, que poco nos va a dar, deberíamos pensar en lo que podemos hacer nosotros en favor de las inversiones hidráulicas -dejando al margen los malditos reductos competenciales de los terribles taifas reconstruidos- y apostando fuertemente por las biotecnologías agronómicas"

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Jaime Lamo de Espinosa
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Querido lector:

Esta es la última carta antes de la llegada del caluroso agosto y cierra el ciclo de las escritas en estos primeros siete meses de este año 2010. Un año anómalo, diferente a todos, aquel en que "las piedras del templo" han comenzado a caer sobre todos nosotros, aquel que nos hizo ver a todos el presente y el futuro con otra perspectiva, algo más negra, algo menos nítida, bastante menos alegre. Porque de pronto hemos descubierto que aquello que llamamos globalización, y que comenzó cuando cayó el muro de Berlín y el mundo se hizo más permeable -sobre todo el mundo político y financiero-, comenzó a autodestruirse en los últimos dos años cuando los mercados financieros alcanzaron el cénit violentando su capacidad crediticia solvente y algunos países como España comenzaron a sufrir en sus propias carnes la dentellada de unas macromagnitudes, otrora crecientes, ahora en fuerte caída.

Todo eso no ha dejado indiferente al mundo agrario europeo y español. La quincena pasada me refería a las mayores dificultades para financiar vía presupuestaria planes de regadío o grandes infraestructuras hidráulicas. Pero al tiempo aparecen nuevamente como amenazas las demandas alimentarias de países emergentes que pretenden asimilar modelos de consumo de corte occidental tirando así de una oferta que no es capaz de acompasarse al ritmo al que crece la población mundial (que será de 9.100 millones en 2050 frente a los 6.700 millones de hoy) y el mucho mayor nivel de renta y consumo de tales países.

Para eso es preciso comprender tres verdades que para mí son hoy absolutas: a) cada vez hay menos hectáreas per cápita en el mundo, b) cada vez hay menos litros de agua dulce per cápita en el mundo y c) la nueva agricultura deberá estar construida sobre métodos y prácticas de cultivo menos emisoras de CO2 y de metano. Esos tres axiomas solo nos pueden llevar a dos conclusiones: a) que necesitamos más tecnología agronómica por hectárea revolucionaria en el mundo futuro, y eso se llama más genética o si quieren más biotecnología -y aprovecho para rendir un último homenaje de respeto, veneración y afecto a mi insigne maestro Enrique Sánchez-Monge, el primer genetista y biotecnólogo de España, recientemente fallecido- y b) que el agua debe ser vista como un bien tan escaso que será pronto el "oro azul", pero sin la cual nunca podremos hacer que los secanos sean tan feraces que puedan alimentar a la humanidad. El mercado del agua será pronto mil veces más grande que el del petróleo en volumen. Sí, han leído bien (Business Insider). Y biotecnologías y regadíos son y serán la solución al hambre de hoy y del mañana. Lo he dicho y escrito muchas veces y lo repito hoy una vez más.

Por eso cuando veo el enorme retraso que las torpes decisiones de Bruselas están induciendo en las biotecnologías y los OMG de su propio territorio, retardando investigaciones y demorando aplicaciones prácticas, y el escaso interés en hacer de la UE un área al margen del hambre y de la potenciación/ especialización de su muy pujante y estratégica agricultura, me llena el alma de esperanza ver cómo un pequeño país europeo, pero muy agrario, y que siempre está en la avanzadilla de los riegos y las tecnologías, nuestro amigo y vecino Portugal, ha multiplicado ya por siete en muy pocos años sus producciones de maíz genéticamente modificado y sigue avanzando por ese camino sem dubida alguna, con toda certeza.

Hoy, más que esperar lo que Bruselas nos puede dar en ayudas y protecciones en la PAC más allá de 2013, que poco nos va a dar, deberíamos pensar en lo que podemos hacer nosotros en favor de las inversiones hidráulicas -dejando al margen los malditos reductos competenciales de los terribles taifas reconstruidos- y apostando fuertemente por las biotecnologías agronómicas. Ese y solo ese es el camino. Un camino que nos marcó hace años con su ciencia y su inteligencia Enrique Sánchez-Monge y que hoy deberíamos seguir. A caminar.

Muy feliz verano y hasta su regreso. Muy cordialmente.



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